Feb 20, 2020 6:24 PM
Updated May 8, 2023 7:25 PM

La
publicidad y las estrategias de de marketing que los supermercados utilizan
para aumentar sus ventas y conectar con los consumidores tienen los días
contados. El gobierno acaba de aprobar un Real Decreto-ley con un paquete de
medidas en el terreno de la agricultura, la pesca y la alimentación para apoyar
y proteger a los productores de esto sectores. La nueva normativa tiene puntos
que influyen en los precios y en la regulación de la industria, pero también en
las estrategias comerciales que sigue la industria de la alimentación para
vender.

A
grandes rasgos, la nueva legislación prohíbe la venta a pérdidas y regula las
promociones comerciales para que no haya campañas engañosas. Esto impedirá
vender productos a precios muy bajos que asfixien a los productores y
desactivará algunas de las estrategias de promoción que emplean las cadenas de
supermercados para potenciar las ventas.

"Para evitar la banalización de los
productos, se exige que el lanzamiento y desarrollo de promociones, que se
realicen en el ámbito de aplicación de la ley de la cadena alimentaria, se
basen en un marco de acuerdo y libertad de pactos, interés mutuo y flexibilidad
para adaptarse a las circunstancias particulares de los distintos
operadores",
explican en la presentación de la normativa. Las
promociones no podrán influir en la percepción del consumidor en cuanto al
valor y a la calidad del producto y tampoco podrán generar una imagen
distorsionada de su precio.

Por ejemplo, ya no se permitirá regalar una botella de aceite de oliva a quien compre dos botellas de detergente, con el objetivo de evitar que se devalúe la percepción del precio y el valor del aceite. Estrategias que son bastante habituales en los supermercados, que usan productos que los consumidores desean o consumen de manera frecuente, con la intención de llamar su atención y elevar sus patrones de gasto.

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Del
mismo modo, los precios de los productos más cotidianos del carrito de la
compra se utilizan como baza para llamar la atención de los consumidores. Se
vende con márgenes muy reducidos, pero con ello se crea la idea de que ese
supermercado es muy económico y se beneficia al resto del carro de la compra.
La leche es uno de los mejores ejemplos de este tipo de técnicas. Los
supermercados establecen un precio muy barato para este producto con la
finalidad de usarlo como reclamo para captar a más consumidores.

La
cuestión es que lo que se consigue es banalizar un producto alimentario por su
uso como señuelo con precios por debajo de costes para atraer clientes a sus
supermercados. En el caso de la leche, la diferencia entre aquellos supermercados
que tira sus precios y aquellos que pagan un precio justo a los productores
puede ser perfectamente de 20 céntimos. Sin embargo, vender la leche a unos 50
céntimos el litro la pone prácticamente precio de coste.

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