Oct 24, 2019 4:48 PM

En
los últimos años, el mercado ha experimentado importantes cambios que han
transformado la manera en la que los consumidores se enfrentan a las marcas. Lo
que ha obligado a las empresas a tener que volver a comprender qué es lo que
importa a sus clientes y cómo son.

La
aparición de los millennials trajo consigo una auténtica revolución en las
estrategias de marketing. Y lo mismo ocurrió cuando la Generación Z llegó al
marcado, haciendo que las empresas hayan tenido que adaptarse a muchas
realidades distintas.

La cuestión es que todo ello no cambiaba la esencia de lo que es el consumo, sino únicamente los hábitos de compra, por lo que las marcas solamente tenían que aprender cómo eran los nuevos consumidores. Aunque distintos, los nuevos consumidores, seguían siendo consumidores en esencia, es decir, seguían comprando. Y esta es precisamente la gran diferencia, ya que los nuevos cambios podrían estar afectando a la esencia misma del consumo, pues los consumidores estarían simplemente dejando de comprar.

Vergüenza de consumir

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El
movimiento pionero que hizo evidente esta tendencia fueflygskam,
la vergüenza de volar
, muy alineado con el aumento de la concienciación con
el medio ambiente por parte de los consumidores, cada vez más preocupados por
el impacto que sus decisiones tienen sobre el entorno. Debido a la elevada
contaminación que generan los aviones, los consumidores empezaron a rechazar
los vuelos y a elegir otros medios de transporte alternativos.

Una
tendencia que surgió en los países escandinavos y que ha hecho caer el tráfico
aéreo en un 5%, mientras que la empresa de ferrocarril cerró el año con récord
de viajeros. Contagiándose a países como Austria, que ha recuperado sus trenes
nocturnos, que los consumidores prefieren por ser más limpios y más cómodos.

No
obstante, el sector del turismo no es el único que ha sufrido el impacto de
este cambio. También en la industria de la moda se ha empezado a notar un freno
al consumo. La tendencia ha nacido en Suecia y se conoce como
"köpskam" (vergüenza de comprar), en reacción al aumento del 60% de
compras que se ha experimentado en los últimos 10 años.

El
mercado está saturado de moda y los consumidores son cada vez más críticos con el
consumo de usar y tirar, lo que hace que algunas marcas hayan entrado incluso
en bancarrota. Sembrando el caldo de cultivo perfecto para nuevos modelos de
negocio, como el del alquiler de ropa. Pero también se apuesta por comprar
materiales más resistentes y duraderos y las grandes cadenas de ropa están
instalando cubetas para la recogida de ropa para reciclar. Lo que demuestra que
los consumidores están despertando ante los beneficios de usar la ropa de un
modo más sostenible.

Pero,
aunque este movimiento frena el consumo directo de los compradores, también
cuenta con otras ramificaciones. Y es que aquellos que no cambian sus patrones de
consumo son duramente criticados, llegando a empañar la imagen de celebridades,
influencers y marcas, ya que son los que más enseñan sus nuevas adquisiciones y
colaboraciones por Internet.

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