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Cripto247
Sep 2, 2026 12:32 PM

La inteligencia artificial comienza a tomar decisiones y ejecutar tareas, mientras blockchain aporta registros verificables, identidad digital y pagos programables. La combinación promete transformar las finanzas, el comercio y los servicios, pero también abre una discusión urgente sobre gobernanza, responsabilidad y regulación.

Durante años, blockchain y la inteligencia artificial avanzaron por carriles separados. La primera quedó asociada a bitcoin, los activos digitales y la tokenización; la segunda, a la automatización, los modelos predictivos y, más recientemente, a la inteligencia artificial generativa.

En 2025 y 2026, sin embargo, ambas tecnologías comenzaron a converger en un punto de mayor impacto económico: el desarrollo de sistemas capaces de analizar información, tomar decisiones y ejecutar operaciones sobre infraestructuras digitales programables.

Ese escenario suele describirse como una economía autónoma. No supone una economía sin personas ni empresas, sino una red en la que agentes de software pueden actuar dentro de límites previamente definidos: comparar precios, administrar inventarios, solicitar servicios, autorizar pagos o liquidar una operación cuando se cumplen determinadas condiciones.

La escala que alcanzó la inteligencia artificial explica por qué esa convergencia dejó de ser una hipótesis de laboratorio. El AI Index 2025, elaborado por la Universidad de Stanford, informó que el 78% de las organizaciones relevadas utilizó inteligencia artificial durante 2024, frente al 55% registrado un año antes. El mismo reporte indicó que la inversión privada mundial en inteligencia artificial generativa alcanzó los USD 33.900 millones, un 18,7% más que en 2023.

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El Foro Económico Mundial también ubicó a la tecnología en el centro de la transformación productiva. Su informe Future of Jobs 2025, basado en las respuestas de más de 1.000 empleadores que representan a 14 millones de trabajadores, reveló que el 86% espera que la inteligencia artificial y el procesamiento de información modifiquen sus negocios antes de 2030.

“Estamos pasando de una inteligencia artificial que recomienda a una inteligencia artificial que puede ejecutar. Cuando un sistema no sólo propone una acción, sino que también mueve valor o activa un contrato, la discusión central pasa a ser cómo verificamos qué hizo, con qué autorización y bajo qué reglas”, plantea Matías Bari, CEO de Satoshi Tango.

La capa de confianza que necesitan los agentes de IA

Allí aparece blockchain. Una red distribuida puede conservar evidencias de una operación, establecer permisos mediante contratos inteligentes y coordinar pagos sin que cada participante deba reconstruir el historial desde cero.

El Banco de Pagos Internacionales destacó en 2025 que la tokenización puede facilitar transacciones instantáneas y programables, reducir costos mediante mecanismos de liquidación atómica y mejorar la transparencia. El organismo analizó casos impulsados por bancos centrales y actores privados de América, especialmente en pagos, activos financieros y garantías digitales.

El Fondo Monetario Internacional, por su parte, definió la tokenización a partir de tres atributos: la existencia de un registro compartido, la programabilidad de las operaciones y la generación de confianza entre participantes. Esa estructura permite que diferentes pasos de una transacción puedan ejecutarse de manera conjunta cuando se cumplen las condiciones establecidas.

La aplicación práctica puede observarse en una cadena de suministro. Un agente de inteligencia artificial podría anticipar un faltante, comparar proveedores y emitir una orden de compra. Sensores, documentos digitales o sistemas logísticos confirmarían la entrega y, posteriormente, un contrato inteligente liberaría el pago.

En servicios financieros, otro agente podría administrar liquidez, ejecutar cobros internacionales, rebalancear una cartera o gestionar garantías tokenizadas según parámetros fijados previamente por una compañía.

La diferencia frente a una automatización tradicional es que estos sistemas podrían interactuar entre empresas, plataformas y jurisdicciones. La inteligencia artificial aporta capacidad de análisis y decisión; blockchain puede aportar trazabilidad, identidad, reglas de ejecución y una capa de liquidación. Ninguna reemplaza a la otra.

América Latina: USD 1,5 billones en transacciones

América Latina ofrece un terreno especialmente sensible para esta evolución. Entre julio de 2022 y junio de 2025, la región registró cerca de USD 1,5 billones en volumen de transacciones con criptomonedas, según el informe Geography of Cryptocurrency 2025 de Chainalysis.

La actividad regional alcanzó un máximo mensual de USD 87.700 millones en diciembre de 2024 y, aunque descendió posteriormente, mantuvo durante el primer semestre de 2025 niveles muy superiores a los de 2022 y 2023.

La Argentina ocupó el segundo lugar regional, detrás de Brasil, con USD 93.900 millones en valor recibido entre julio de 2024 y junio de 2025. México, Venezuela y Colombia completaron los primeros cinco puestos.

El reporte también señaló que las plataformas centralizadas concentraron el 64% de la actividad cripto latinoamericana y que las stablecoins continuaron ganando espacio como instrumentos para preservar valor, realizar transferencias internacionales y operar frente a monedas locales inestables.

“En la Argentina, los activos digitales no crecieron solamente por especulación. Se incorporaron a la vida económica porque ofrecieron una alternativa frente a fricciones reales: inflación, costos de transferencias, restricciones y demoras. La combinación con inteligencia artificial puede profundizar esa utilidad, pero debe hacerlo con controles mucho más sólidos”, sostiene Bari.

La infraestructura tecnológica local muestra capacidades para participar de esta nueva etapa. El reporte de la Cámara de la Industria Argentina del Software, elaborado por su Observatorio Permanente de la Industria del Software y Servicios Informáticos, indicó que el sector generó 4.000 nuevos puestos de trabajo en 2025.

Las exportaciones argentinas de software alcanzaron, además, los USD 2.651 millones, un máximo histórico y el doble del valor registrado diez años antes.

Ese entramado de talento, empresas de software, fintech, billeteras y proveedores de infraestructura constituye una base relevante para desarrollar productos que integren automatización, identidad digital, analítica y pagos programables.

El desafío argentino en inteligencia artificial

En inteligencia artificial, el panorama regional es más desigual. El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile, evaluó el desempeño de 19 países en infraestructura, talento, investigación, adopción y gobernanza.

La Argentina se ubicó en el sexto puesto, con 52,98 puntos sobre 100, dentro del grupo de países considerados “adoptantes”. El país conserva fortalezas en infraestructura, investigación científica y capacidad emprendedora, pero enfrenta brechas en formación especializada, continuidad institucional e inversión sostenida.

Chile encabezó el índice con 70,56 puntos, seguido por Brasil y Uruguay. La Argentina quedó detrás de Colombia y Costa Rica, aunque por encima de Perú, México, República Dominicana y Ecuador.

El BID Lab llegó a una conclusión similar. Su estudio fAIr Tech Radar 2025 calculó una madurez regional promedio de 2,9 sobre 5 en el uso responsable de inteligencia artificial. El relevamiento identificó avances técnicos importantes, pero rezagos en gobernanza, inclusión, rendición de cuentas y sostenibilidad.

Esa distancia entre adopción y control resulta todavía más relevante cuando la inteligencia artificial comienza a operar sobre dinero, contratos o activos digitales.

“Un agente autónomo no puede recibir un permiso abierto para actuar sin límites. Debe tener una identidad verificable, topes de operación, reglas de aprobación, trazabilidad y mecanismos de pausa. Blockchain puede ayudar a registrar y ejecutar esas condiciones, pero la responsabilidad final continúa siendo humana y empresarial”, advierte el CEO de Satoshi Tango.

Registrar un dato no garantiza que sea verdadero

La combinación tampoco elimina los riesgos propios de cada tecnología. Una blockchain puede demostrar que determinada información fue registrada y que posteriormente no fue modificada, pero no garantiza que el dato original sea verdadero.

Si un sensor, una persona o una fuente externa aporta información incorrecta, el sistema puede conservar de manera inalterable un error. Es el problema conocido dentro del ecosistema como el “riesgo del oráculo”: la dificultad de trasladar información del mundo real a una red digital sin introducir datos falsos o incompletos.

Del lado de la inteligencia artificial persisten las respuestas equivocadas, los sesgos, la opacidad de ciertos modelos y la posibilidad de que un agente interprete incorrectamente una instrucción.

A esos desafíos se suman la ciberseguridad, la custodia de claves privadas, la protección de datos personales, la prevención del lavado de activos y la asignación de responsabilidades. Cuanto más autónoma sea una operación, más precisa debe ser la respuesta a una pregunta básica: quién responde cuando el sistema falla.

La nueva regulación argentina

La Argentina avanzó durante 2025 en el ordenamiento regulatorio del sector. La Resolución General 1058 de la Comisión Nacional de Valores reglamentó la actividad de los proveedores de servicios de activos virtuales.

La norma estableció obligaciones relacionadas con registro, patrimonio mínimo, custodia de activos, ciberseguridad, prevención del lavado de dinero, auditoría de sistemas y divulgación de riesgos. También habilitó a la CNV a suspender o revocar inscripciones en caso de incumplimientos.

Desde el 26 de mayo de 2025, las solicitudes de inscripción y cancelación en el Registro de Proveedores de Servicios de Activos Virtuales deben realizarse mediante la plataforma de Trámites a Distancia.

Paralelamente, la CNV comenzó a desarrollar un régimen para la representación digital de valores negociables, incluyendo determinados fideicomisos financieros, obligaciones negociables, acciones y fondos comunes de inversión vinculados con activos del mundo real.

Para Bari, la regulación puede convertirse en una ventaja competitiva si ofrece previsibilidad sin bloquear la innovación.

“El mercado necesita reglas que distingan entre una empresa que custodia fondos de terceros, una plataforma tecnológica y un protocolo descentralizado. Regular todo como si fuera lo mismo genera ineficiencia; no regular nada destruye confianza. La oportunidad está en construir estándares que permitan innovar y, al mismo tiempo, proteger al usuario”, afirma.

Del laboratorio a los procesos empresariales

El siguiente paso será pasar de las demostraciones aisladas a procesos empresariales medibles. Tesorería, comercio exterior, seguros, logística, energía y mercados de capitales aparecen entre los sectores con mayor potencial.

En todos ellos existen operaciones condicionadas, múltiples participantes, documentación repetida y altos costos de conciliación: precisamente los puntos en los que una combinación de inteligencia artificial, tokenización y contratos inteligentes puede aportar eficiencia.

No obstante, el valor no surgirá por incorporar dos tecnologías de moda en un mismo producto. La convergencia sólo será relevante cuando resuelva un problema mejor que la infraestructura existente. Eso exige interoperabilidad, datos confiables, modelos auditables, experiencia de usuario y reglas jurídicas claras.

“Blockchain puede transformarse en la capa de confianza que necesitan los agentes de inteligencia artificial para participar de la economía. Pero esa promesa no se cumple con discursos: se cumple cuando una empresa logra pagar mejor, reducir fraude, operar entre países o demostrar de manera verificable qué decisión tomó un sistema”, resume Bari.

La economía autónoma no llegará como un reemplazo repentino del sistema actual. Avanzará de manera gradual, integrada a billeteras digitales, plataformas de comercio, sistemas empresariales y mercados financieros.

La discusión de 2026 ya no consiste únicamente en determinar si la inteligencia artificial y blockchain pueden trabajar juntas, sino en definir bajo qué reglas, con qué controles y para resolver qué necesidades concretas.

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