Apr 23, 2026 11:00 AM
Los fondos tokenizados empezaron a ocupar un lugar cada vez más visible dentro del negocio cripto y de las finanzas tradicionales. La idea, en términos simples, consiste en representar participaciones de un fondo mediante tokens registrados en una blockchain. Eso no convierte al fondo en una criptomoneda ni elimina las reglas del mercado financiero: lo que cambia es la infraestructura con la que se emiten, registran y, en algunos casos, se transfieren esas participaciones. Firmas como BlackRock y Franklin Templeton ya lanzaron productos de este tipo, mientras organismos como IOSCO y la SEC de Estados Unidos siguen de cerca cómo encajan dentro de la regulación vigente.
En la práctica, un fondo tokenizado puede invertir en activos tradicionales, como letras del Tesoro de Estados Unidos, efectivo o instrumentos del mercado monetario, pero ofrecer a sus inversores una representación digital de sus cuotas o acciones. Ese formato apunta a reducir fricciones operativas, acelerar ciertos procesos de registro y liquidación, y abrir la puerta a esquemas de transferencia más flexibles. BNY definió la tokenización como la creación de una representación digital de un activo en una blockchain, muchas veces dividida en unidades transferibles, y subrayó que el avance ya salió de la etapa de prueba de concepto.
Qué es un fondo tokenizado y en qué se diferencia de una criptomoneda
La diferencia central es que un fondo tokenizado sigue siendo un producto financiero respaldado por una cartera real de activos. El token no nace de la nada ni depende solo de oferta y demanda especulativa, sino que representa una participación sobre un vehículo de inversión existente. La SEC fue explícita a comienzos de 2026: cuando un valor financiero se tokeniza, cambia el formato tecnológico con el que se registra y transfiere, pero no desaparecen las obligaciones legales y regulatorias asociadas a ese valor. En otras palabras, nueva infraestructura, mismas reglas de fondo.
Ese punto es importante porque en el ecosistema cripto suele mezclarse todo bajo la misma etiqueta. No es lo mismo comprar bitcoin, ether o un token especulativo que comprar una participación tokenizada de un fondo regulado que invierte en deuda pública de corto plazo. En este segundo caso, el inversor no está apostando solo al precio de un activo digital, sino a un instrumento cuya exposición económica proviene de títulos financieros tradicionales.
Uno de los ejemplos más citados es el fondo BUIDL, lanzado por BlackRock junto con Securitize. Según su presentación oficial, busca mantener un valor estable de USD 1 por token, invierte el total de sus activos en efectivo, Treasury bills y acuerdos de recompra, y distribuye dividendos devengados diariamente. Franklin Templeton, por su parte, desarrolla desde 2021 su Franklin OnChain U.S. Government Money Fund, cuyo token BENJI representa una participación en un fondo monetario registrado en Estados Unidos y respaldado principalmente por valores gubernamentales, efectivo y repos.
Cómo funcionan y por qué grandes jugadores los están impulsando
El funcionamiento cambia según la estructura elegida. En algunos modelos, la blockchain actúa como parte del registro oficial de propiedad. En otros, los tokens funcionan como un espejo digital de las participaciones tradicionales, mientras la contabilidad principal sigue en los sistemas convencionales del administrador o custodio. IOSCO describió ambos esquemas en su informe sobre tokenización de activos financieros y marcó que las diferencias no son menores: según el diseño, cambian el control operativo, la trazabilidad y la manera en que se corrigen errores o se restringen transferencias no permitidas.
¿Por qué despiertan interés? Porque prometen resolver problemas muy concretos del negocio financiero. Entre ellos aparecen la liquidación más ágil, la posibilidad de operar con infraestructura más cercana al tiempo real, la automatización de procesos administrativos y una mayor programabilidad para pagos, colateral y movimientos de cartera. BNY señaló que el caso de uso más avanzado hasta ahora se ve en fondos monetarios tokenizados. Deloitte, por su parte, remarcó que la tokenización puede reducir tareas de conciliación y fricción operativa gracias a la trazabilidad integrada en la arquitectura del sistema.
El atractivo también pasa por la disponibilidad. En el caso de BUIDL, BlackRock destacó la posibilidad de transferir tokens 24/7/365 entre inversores previamente aprobados. Ese detalle no significa que el mercado se vuelva automáticamente abierto ni totalmente descentralizado, sino que ciertas ventanas operativas pueden ampliarse frente a la lógica bancaria tradicional. En paralelo, BNY y Goldman Sachs avanzaron con una solución para fondos monetarios tokenizados en la que BNY mantiene funciones de servicing y custodia, mientras Goldman aporta la plataforma blockchain GS DAP.
La expansión del segmento ya tiene volumen medible. RWA.xyz, una de las plataformas más seguidas para monitorear activos del mundo real tokenizados, mostraba en abril de 2026 un mercado de Treasuries tokenizados de alrededor de USD 10.000 millones, con decenas de productos y decenas de miles de holders. Dentro de ese universo conviven fondos monetarios, vehículos respaldados por deuda pública y otras variantes de renta fija llevadas a blockchain.
Riesgos, límites y la parte que todavía no está resuelta
El crecimiento de estos productos no implica que el debate regulatorio esté cerrado. ESMA advirtió en 2025 que los impactos y riesgos de la tokenización en los mercados todavía deben entenderse mejor, aunque reconoció que los fondos tokenizados empezaron a captar atención. IOSCO también viene siguiendo la evolución de la tokenización de activos financieros con la mira puesta en integridad de mercado y protección al inversor.
El primer riesgo es conceptual: presentar estos instrumentos como si fueran una versión automática, abierta y sin intermediarios de las finanzas tradicionales. En muchos casos no lo son. Hay administradores, custodios, agentes de transferencia, listas de inversores autorizados y controles de cumplimiento. Incluso cuando el token circula sobre una red pública, el acceso suele estar restringido y las transferencias pueden quedar sujetas a validaciones previas.
El segundo riesgo es operativo. La tecnología puede hacer más eficiente una parte del proceso, pero no elimina los problemas de custodia, ciberseguridad, errores de programación, interoperabilidad entre redes o dependencia de proveedores específicos. Tampoco borra el riesgo del activo subyacente: si el fondo invierte en instrumentos de mercado monetario o deuda pública, el inversor sigue expuesto a las condiciones propias de ese producto, no solo al token que lo representa. Franklin Templeton aclara, por ejemplo, que su fondo invierte al menos 99,5% en valores gubernamentales de EE.UU., efectivo y repos colateralizados.
El tercer límite tiene que ver con la escala real. Aunque el negocio crece, sigue siendo pequeño frente al tamaño del mercado global de fondos tradicionales. Por eso, más que una sustitución inmediata del sistema actual, lo que se observa hoy es una etapa de transición: grandes gestoras y bancos usan blockchain para probar una infraestructura alternativa en segmentos específicos, sobre todo los más líquidos y estandarizados. BNY sostuvo en marzo de 2026 que los money market funds tokenizados son el terreno donde la tokenización ya muestra resultados concretos y que los ETF podrían ser el próximo paso.
Los fondos tokenizados, entonces, no son una promesa abstracta ni una moda pasajera del ecosistema cripto. Tampoco son la democratización automática de las inversiones. Son, ante todo, un intento de llevar productos financieros existentes a una arquitectura distinta, con la expectativa de ganar eficiencia, trazabilidad y nuevas formas de distribución. El punto que ahora define su futuro no es si pueden existir, porque ya existen, sino hasta dónde logran escalar sin chocar con los límites regulatorios, operativos y de confianza que todavía siguen sobre la mesa.
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